Atlas del intervalo · Lámina 064

Frontispicio de la Musurgia universalis.


Athanasius Kircher, 1650. Kircher quiso reducir la música a un sistema. La presencia, como la armonía, se compone.

Grabado: frontispicio con coros celestes y músicos en la tierra, unidos por una cinta con un canon musical.
Athanasius Kircher, Frontispicio de la Musurgia universalis, 1650 · Cornell University Library
Jesús Ripa
Ficha, historia y lectura deJesús RipaTecnólogo humanista

Historia

Athanasius Kircher publicó en Roma en 1650 la Musurgia universalis, un tratado que pretendía abarcarlo todo sobre la música: su física, su matemática, sus efectos sobre el ánimo y su relación con el orden del cosmos. Lo dedicó al archiduque Leopoldo Guillermo de Austria. En él describía también el arca musaritmica, un sistema de tablas combinatorias con el que alguien sin formación podía componer polifonía correcta.

El frontispicio, dibujado por Johann Paul Schor, ordena el mundo en pisos. Arriba, el ojo de Dios en un triángulo radiante y coros de ángeles; una cinta lleva un canon angélico a treinta y seis voces repartidas en nueve coros. En el centro, la Música, coronada de laurel, se sienta sobre el globo con una lira y una flauta de Pan. Abajo, Pitágoras señala la fragua donde, según la leyenda, descubrió las proporciones musicales oyendo los martillos.

Desde el intervalo, a la era pre-singularidad

Cómo lo veo en el presente

Kircher creía que la armonía tenía reglas y que las reglas podían escribirse. Su arca musaritmica lo demostraba: cualquiera, siguiendo las tablas, producía música correcta. Lo que el sistema garantizaba era la corrección, no la obra.

El artículo distingue entre ruido y presencia en términos parecidos. Publicar sin sistema es ruido. Pero el sistema, solo, tampoco basta: un calendario editorial bien engrasado puede generar piezas correctas e intercambiables, como las tablas de Kircher generaban polifonía sin autor. Lo que convierte el sistema en presencia es una postura, una voz y una obra que se acumula.

El frontispicio pone a Pitágoras abajo, en la tierra, midiendo martillos, y a la Música arriba. Primero se mide; después se compone. La presencia, como la armonía, se compone.

Del pensamiento a la estructura

Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.

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