La casa sobre la arena.
Hendrick Goltzius, 1598–1604. Una casa sobre arena ajena: se sostiene hasta que cambia el tiempo.

Historia
Es la pareja de la lámina anterior en la serie de alegorías de la fe cristiana que Hendrick Goltzius diseñó y grabó en Haarlem. Lleva el número 7 y el título del versículo de Mateo 7, 26: quien oye estas palabras y no las cumple es como el necio que edificó su casa sobre la arena; cayó la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos, y la ruina fue grande. Como en toda la serie, un marco de citas bíblicas rodea la escena.
Aquí el templete se derrumba. La cornisa cae en diagonal sobre un suelo de arena que el agua socava. Huyen las figuras que lo habitaban: un joven coronado de pámpanos con una copa, rotulado «Prosperitas fugax»; un bufón con un espejo; un viejo que pierde su vajilla. De una estatua solo quedan las piernas. Arriba, un viento sopla llevando una calavera.
Cómo lo veo en el presente
Lo más inquietante del grabado es que el edificio es el mismo templete que en la lámina de la roca. Por arriba, cornisa, balaustrada y cúpula son iguales. La diferencia no estaba a la vista hasta que llegó el agua.
Así se construye un negocio sobre una red social. Durante años parece sólido: miles de seguidores, buen alcance, clientes que llegan. Pero los seguidores son de la plataforma, el contenido vive en servidores ajenos y la visibilidad es un préstamo que se revoca con un cambio de algoritmo o una decisión regulatoria. La casa no se cae por estar mal hecha. Se cae porque el suelo es de otro.
Goltzius rotula la figura que huye primero: «Prosperitas fugax», la prosperidad que escapa. Es lo que se va antes cuando cambia el tiempo. Lo que queda depende de dónde se puso la primera piedra.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
La práctica →