El remo y el aventador
El remo y el aventador es la figura de la profecía que Tiresias hace a Ulises en el libro XI de la Odisea: tras regresar a Ítaca, Ulises deberá caminar tierra adentro cargando un remo hasta encontrar un pueblo que jamás haya visto el mar y que confunda ese remo con un aventador de trillar el grano. Solo entonces, al clavar el remo en tierra como ofrenda, su viaje estará verdaderamente completo.
La profecía no cierra la Odisea con la llegada a Ítaca, sino con un segundo viaje, más silencioso: llevar la experiencia del mar a quienes nunca lo han visto, hasta el punto de tener que explicarles qué es un remo. Esa incomprensión inicial —confundir el remo con una herramienta agrícola— es la medida exacta de la distancia entre quien ha navegado y quien no.
En esta serie, la figura designa el trabajo de traducir la experiencia tecnológica —la era pre-singularidad, sus riesgos, su criterio— a un público que aún no la ha vivido de cerca: no basta con haber navegado, hay que ser capaz de explicar el remo a quien solo conoce el aventador.
No aplica.
En comunicación de autoridad digital, describe la función editorial de este propio proyecto: traducir la experiencia técnica y estratégica de quien ya navega la era pre-singularidad a un público directivo que todavía no la ha vivido de cerca, sin dar por supuesto un vocabulario compartido.
Dar por hecho que el público comparte el vocabulario técnico sin traducirlo.
Confundir explicar con simplificar en exceso, perdiendo la precisión del criterio.
Tratar la traducción como tarea menor frente a la navegación misma.
- ¿Qué profecía contiene esta figura?
- ¿Quién se la hace a Ulises y en qué libro de la Odisea?
- ¿Qué representa en esta serie editorial?
