Cinq étages du monde parisien.
Bertall, 1845. El corte de una casa enseña quién vive en cada planta: la estructura que la fachada oculta.

Historia
Bertall era el seudónimo de Charles Albert d’Arnoux, dibujante satírico de la prensa parisina. Compuso esta viñeta para Le Diable à Paris, obra colectiva del editor Hetzel, y la revista L’Illustration la reprodujo en enero de 1845. El pie la presenta como el corte de una casa parisina el 1 de enero de ese año.
El dibujo quita la fachada y deja ver cada planta. Abajo, la portería y la cocina. En el primer piso, un salón con lámpara de araña, espejos y cortinajes. En el segundo, una familia acomodada en una habitación amplia. En el tercero, las estancias se estrechan. Bajo el tejado, en las buhardillas, un pintor, un hombre que se protege con un paraguas de las goteras y una familia con niños en un cuarto desnudo. Una misma escalera une a todos.
Cómo lo veo en el presente
Desde la calle, la casa de Bertall es una sola fachada. Solo el corte enseña lo que esa fachada iguala: quién vive en el salón y quién bajo las goteras, quién sube un tramo de escalera y quién sube cinco.
El artículo propone mirar la tecnología con ese corte. No qué hace la herramienta, sino quién la controla, qué redistribuye, qué dependencias genera, qué reglas impone y a quién beneficia. Cuando una empresa delega en un algoritmo la selección de candidatos, la fachada dice eficiencia. El corte muestra que el poder de decisión ha cambiado de planta: del equipo al proveedor.
La escalera es la misma para todos y no reparte lo mismo a nadie. Así funcionan muchas plataformas: un acceso común y una estructura que decide quién ocupa cada piso. La fachada es lo que la tecnología enseña. El corte, lo que hace.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
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