Atlas del intervalo · Lámina 044

Invitación.


Jan Amos Comenio, 1658 (primera edición). El primer libro que enseñaba el mundo con imágenes rotuladas: cada cosa, su dibujo y su nombre. ImageNet hizo lo mismo con catorce millones de fotografías.

Xilografía: un maestro con bastón invita a un niño a recorrer el mundo, ante un paisaje con ciudad, árboles y sol; encima, el rótulo bilingüe de la lección.
Jan Amos Comenio, Invitación, 1658 (primera edición)
Jesús Ripa
Ficha, historia y lectura deJesús RipaTecnólogo humanista

Historia

Jan Amos Comenio (1592–1670), pedagogo y teólogo moravo, publicó en Núremberg en 1658 el Orbis sensualium pictus, «el mundo sensible en imágenes». Es un libro para enseñar a los niños el latín y su propia lengua a la vez, a partir de las cosas: cada capítulo une un grabado con números a un texto bilingüe que nombra lo que se ve.

Esta es la página de la «Invitatio», la invitación que abre el libro. Un maestro anciano, con gorro de piel y bastón, se dirige a un niño en un paisaje con árboles, una ciudad al fondo y el sol en lo alto. Debajo, el diálogo en dos columnas, latín y alemán: «Ven, muchacho, aprende a saber». El niño pregunta qué es saber, y el maestro responde: entender, obrar y decir rectamente todo lo necesario.

Desde el intervalo, a la era pre-singularidad

Cómo lo veo en el presente

Comenio partió de una intuición sencilla: el mundo se aprende nombrando las cosas que se ven. Su libro empareja imagen y palabra, una a una, y convierte la mirada en conocimiento ordenado.

Tres siglos y medio después, ImageNet hizo algo parecido a escala industrial. Fei-Fei Li y su equipo reunieron unos catorce millones de imágenes etiquetadas a mano, y ese conjunto de datos hizo posible en 2012 el salto del aprendizaje profundo en visión artificial. Las máquinas aprendieron a ver como los niños de Comenio: con una imagen y su nombre.

La diferencia está en el maestro. En la «Invitatio», alguien que sabe se hace responsable de enseñar y lo dice: «Yo, con Dios». El artículo pregunta quién ocupa hoy ese lugar cuando la persona que levantó la institución para vigilar la tecnología pasa a construirla con dinero de los fabricantes de chips.

Del pensamiento a la estructura

Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.

La práctica →