La Prudencia.
Philips Galle, según Pieter Bruegel el Viejo, hacia 1559–1560. La Prudencia lleva un espejo: mirarse antes de actuar.

Historia
Hacia 1559, Pieter Bruegel el Viejo dibujó para el editor Hieronymus Cock una serie de siete Virtudes, que siguió a la de los Pecados capitales. Philips Galle, entonces un joven grabador del círculo de Cock, trasladó los dibujos al cobre. Cada lámina coloca en el centro una figura alegórica y la rodea de escenas cotidianas que traducen la virtud a conducta.
Aquí la Prudencia lleva un cedazo en la cabeza y un espejo en la mano, y se apoya en un ataúd. A su alrededor, todos se adelantan a lo que puede pasar: unos apagan un fuego, otros acarrean leña y salan carne, un hombre guarda monedas en un cofre, otros reparan un tejado y, a la izquierda, un enfermo yace en su lecho rodeado de quienes lo asisten. La inscripción latina pide mirar al futuro y tener presente en el ánimo todo lo que puede ocurrir.
Cómo lo veo en el presente
La Prudencia de Bruegel no adivina el futuro. Lo prepara. Nadie en la estampa sabe cuándo llegará el incendio o el invierno; todos actúan como si fueran a llegar. El espejo que sostiene es el otro instrumento de la virtud: antes de prever lo que viene, hay que saber quién se es.
El artículo plantea a los directivos una tarea de la misma familia ante los humanoides industriales: hacer inventario del trabajo físico cualificado que emplea la organización, medir qué parte podría ejecutar una máquina en tres o en siete años y decidir una postura antes de que el mercado la imponga.
Ninguna de esas tareas exige saber cuándo llegarán las máquinas. Exige mirarse en el espejo con precisión. La imprevisión no consiste en ignorar el futuro, que nadie conoce, sino en no saber qué se tiene cuando el futuro llama.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
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