Ulises, dormido, es dejado en Ítaca.
John Flaxman, 1793 (composiciones); h. 1835 (grabado de Réveil). Ulises despertó en su propia isla y no la reconoció.

Historia
Composición de Flaxman para el libro XIII de la Odisea, en el grabado de Achille Réveil. Tras veinte años fuera, Ulises vuelve a casa sin enterarse: los feacios lo llevan en una de sus naves y lo dejan dormido en la playa de Ítaca, junto con los regalos que le han hecho.
Dos feacios, inclinados, depositan en el suelo la tela sobre la que yace Ulises, profundamente dormido y envuelto en un manto. Un tercero, de más edad, sostiene una prenda bordada; a la derecha se reúnen un trípode y varias vasijas, los presentes de la corte de Alcínoo. Cuando despierta, Atenea ha cubierto la isla de niebla, y Ulises no reconoce la tierra hacia la que ha navegado diez años.
Cómo lo veo en el presente
La vuelta más esperada del poema ocurre con el protagonista inconsciente. Ulises no gobierna su regreso: lo depositan. Y al abrir los ojos, su propia isla le parece extranjera. Tiene que ser Atenea quien le diga dónde está.
El artículo lee ahí la experiencia de muchos adultos en el intervalo: despertar en un paisaje que es el suyo y no reconocerlo. Las mismas profesiones, las mismas casas, las mismas conversaciones, ocupadas ahora por intermediarios algorítmicos que nadie invitó. No se vuelve al lugar del que se partió. El que vuelve es otro, y el lugar también.
Flaxman dibuja a los feacios con cuidado, casi con ternura. Es un buen recordatorio. Llegar a casa no es lo mismo que recuperarla; para eso hace falta estar despierto.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
La práctica →