Ulises y Calipso.
Theodoor van Thulden, 1632–1633. Calipso le ofrecía no envejecer nunca. Ulises prefirió una vida con final.

Historia
Lámina 28 de la serie de Van Thulden. Es una estampa de varios tiempos: el Rijksmuseum identifica en ella tres momentos del poema, desde el naufragio que lleva a Ulises a Ogigia hasta los preparativos de su salida de la isla.
Al fondo, a la izquierda, Ulises cuelga de una higuera sobre el remolino de Caribdis, el recurso con el que salvó la vida tras perder la nave. Arriba, los dioses del Olimpo se reúnen entre nubes y Mercurio desciende con el caduceo. A la derecha, Calipso, recostada y rodeada de amorcillos, recibe al mensajero. En primer plano, desnudo y de rodillas, Ulises trabaja con un martillo en la balsa con la que partirá.
Cómo lo veo en el presente
La lámina subraya algo que el poema cuenta sin énfasis: la salida de Ogigia es trabajo manual. Mientras la diosa reposa entre amorcillos, Ulises golpea la madera. Ni siquiera la orden de Zeus basta; hay que construir el medio para irse.
El artículo advierte que la abundancia prometida por la inteligencia artificial puede convertirse en una isla donde todo se recibe y nada se posee, ni siquiera los medios de partida. La dependencia más difícil de ver es la que elimina la capacidad de construir alternativas.
Por eso la defensa que propone es la fricción deliberada: tareas que no se delegan, lecturas sin resumen, problemas que se piensan enteros. Son la balsa. Nadie sale de una isla cómoda con buenas intenciones; sale con lo que sabe hacer con sus manos.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
La práctica →