Atlas del intervalo · Lámina 073

El carro de Flora.


Atribuido a Crispijn van de Passe II, 1637. Holanda, 1637: el carro de los tulipanes corre hacia el mar y todos quieren subirse. Ninguna burbuja se presenta como tal.

Grabado satírico: el carro de Flora, cargado de especuladores de tulipanes, corre hacia el mar mientras la gente se sube a él.
Atribuido a Crispijn van de Passe II, El carro de Flora, 1637 · Rijksmuseum, Ámsterdam
Jesús Ripa
Ficha, historia y lectura deJesús RipaTecnólogo humanista

Historia

En el invierno de 1636 a 1637, el comercio de bulbos de tulipán en las Provincias Unidas alcanzó precios disparatados y se hundió en febrero de 1637. Ese mismo año circularon panfletos y estampas que se burlaban de los «floristas», como se llamaba a los especuladores. Esta sátira, atribuida a Crispijn van de Passe II, se acompañaba de una hoja de versos dialogados.

En el centro, Flora, con tulipanes en las manos, viaja en un carro de vela rodeada de bufones que encarnan la codicia y otros vicios; con ella va la Vana Esperanza. Un mono trepa al mástil. A la izquierda, hombres y mujeres abandonan sus oficios y corren detrás gritando que quieren subir. Por el suelo yacen tulipanes con sus nombres de variedad. Al fondo, ante un campesino de Zandvoort y un alguacil, el carro acaba tragado por las olas. En las esquinas, reuniones de floristas en Haarlem y en Hoorn.

Desde el intervalo, a la era pre-singularidad

Cómo lo veo en el presente

La sátira no dibuja a un estafador. Dibuja una multitud que corre detrás del carro. Artesanos y comerciantes dejan sus herramientas en el suelo para subirse a algo que avanza con viento prestado. Nadie los obliga. Los mueve el miedo a quedarse fuera.

Es el mecanismo que se repite en muchas transformaciones digitales: inversiones aprobadas por presión, por moda o por miedo a quedarse atrás, no por un problema definido con un resultado esperado. Se mide lo gastado, no lo que ha cambiado. El carro parece moverse y eso basta.

El grabador puso el final de la historia en el mismo papel, al fondo y a la vista: el carro hundido en el mar. Ninguna burbuja se anuncia como tal; se anuncia como el último tren. Lo que separa una inversión de una apuesta no es la tecnología. Es saber, antes de subir, adónde va el carro.

Del pensamiento a la estructura

Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.

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