Atlas del intervalo · Lámina 072

Aún aprendo.


Francisco de Goya, h. 1826. Goya lo dibujó en Burdeos, cerca de los ochenta años: un viejo con dos bastones que sigue aprendiendo.

Dibujo: un anciano de barba blanca, encorvado y con dos bastones, avanza decidido; arriba, la leyenda «Aún aprendo».
Francisco de Goya, Aún aprendo, h. 1826 · Museo Nacional del Prado, Madrid
Jesús Ripa
Ficha, historia y lectura deJesús RipaTecnólogo humanista

Historia

En 1824 Goya dejó España y se instaló en Burdeos, donde pasó sus últimos años. Allí llenó cuadernos de dibujos con lápiz negro y lápiz litográfico, un medio nuevo que también exploró en la estampa. Este es el número 54 del primero, conocido como Cuaderno de Burdeos I o Cuaderno G. El Prado lo fecha hacia 1826, cuando el pintor rondaba los ochenta años. Pasó por su hijo Javier y su nieto Mariano y entró en el museo en 1872.

El dibujo, de 19 por 14 centímetros, muestra a un anciano de barba y melena blancas, encorvado, que avanza apoyado en dos bastones sobre un fondo apenas sugerido. Arriba, la leyenda: «Aun aprendo». El museo subraya el cambio respecto a los viejos de obras anteriores de Goya, que solían cargar con una visión negativa del paso del tiempo.

Desde el intervalo, a la era pre-singularidad

Cómo lo veo en el presente

Goya no dibuja a un viejo sabio. Dibuja a un viejo que camina. Los dos bastones dicen que el cuerpo ya no sostiene; la mirada al frente dice que la cabeza sigue en marcha. La frase no presume de lo aprendido. Declara que el aprendizaje continúa.

Es la respuesta exacta a la narrativa que da por caducado a quien pasa de los cincuenta. La experiencia no caduca; caduca la forma de hacerla visible. Y la tecnología que amenaza con dejar atrás al profesional veterano es también la que le permite convertir treinta años de decisiones en algo que otros puedan leer, citar y discutir.

Goya, sordo y exiliado, trabajaba a los ochenta con un lápiz litográfico, una herramienta que apenas tenía tres décadas. No se quedó en lo que dominaba. «Aún aprendo» no es una anécdota de longevidad. Es una definición de criterio: saber que todavía no se sabe.

Del pensamiento a la estructura

Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.

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