La escalera de la edad.
Hendrik Numan y Hermanus Numan, 1831–1854. La escalera de la edad pone la cima en los cincuenta. El mercado la ha copiado al revés.

Historia
Las estampas populares neerlandesas se imprimían en madera, se coloreaban a mano o con plantilla y se vendían baratas. Esta salió del fondo del editor Jacobus Wendel, que la numeró como la primera de su catálogo, y se vendía en Ámsterdam en la tienda de los herederos de H. Rynders, en la Tweede Tuindwarsstraat. El Rijksmuseum la fecha entre 1831 y 1854. La madera está firmada «H. Numan».
La imagen es una escalinata en forma de puente que va de la cuna a los cien años. Cada década ocupa un peldaño, con una pareja vestida a la moda. Se sube desde el niño en su cesto hasta la cima, en los cincuenta, donde el pedestal dice «Memento mori», y se baja después hacia la vejez, con bastones y espaldas dobladas, hasta los noventa y los cien. En el centro, unos versos comparan la vida con un río, con un árbol talado y con un sueño.
Cómo lo veo en el presente
La escalera popular pone la cima en los cincuenta. No por vanidad: es el punto de mayor visión, el peldaño desde el que se ve la subida entera y lo que queda por bajar. A esa altura colocó el grabador la advertencia más seria de la lámina, «Memento mori». No en la vejez.
El mercado laboral ha copiado la escalera al revés. Trata los cincuenta como el primer escalón de la bajada y confunde juventud con valor, novedad con competencia y velocidad con inteligencia. Pero lo que la inteligencia artificial abarata es la ejecución. El criterio, la capacidad de situar un problema en su contexto y de separar lo importante de lo accesorio, no se instala con un curso de tres meses.
La estampa no promete que la cima dure. Dice otra cosa: que desde ahí se ve más. El problema no es la edad. Es no hacer visible lo que se ve desde arriba.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
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