Atlas del intervalo · Lámina 002

Turris Babel.


Athanasius Kircher, 1679. La torre que sube sin preguntarse para qué: la imagen con la que la encíclica nombra el reduccionismo tecnológico.

Grabado de la Torre de Babel: una torre cilíndrica de muchos pisos con una rampa en espiral, sobre una llanura con ciudades y caminos hasta el horizonte.
Athanasius Kircher, Turris Babel, 1679 · New York Public Library
Jesús Ripa
Ficha, historia y lectura deJesús RipaTecnólogo humanista

Historia

Athanasius Kircher fue el último sabio que intentó saberlo todo. Jesuita alemán instalado en Roma, escribió sobre jeroglíficos, volcanes, magnetismo, música y China, y reunió un museo de curiosidades en el Colegio Romano. Turris Babel, publicado en Ámsterdam en 1679, un año antes de su muerte, es uno de sus últimos libros.

En él reconstruye la historia de la torre con la erudición de su época y hace algo inesperado: la calcula. Para llegar a la Luna, concluye, la torre habría necesitado más material del que contiene la Tierra, y su peso habría sacado al planeta de su lugar. La lámina la muestra como un cilindro de rampas en espiral que se pierde en el cielo, sobre una llanura de ciudades y caminos.

Desde el intervalo, a la era pre-singularidad

Cómo lo veo en el presente

Kircher no condenó la torre por soberbia: la desmontó con aritmética. Su argumento no era moral sino material. No había Tierra suficiente para una torre así.

Es el mismo tipo de límite que hoy se discute en la carrera de la inteligencia artificial: centros de datos que piden la electricidad de ciudades enteras, chips que escasean, agua para refrigerar. La pregunta por la escala vuelve a ser física.

Pero el límite que importa en el intervalo es otro. Una torre puede ser posible y seguir sin responder para qué se construye. El síndrome de Babel no es subir demasiado alto; es subir sin una idea compartida de hacia dónde. Kircher calculó cuánto pesaba la torre. A nosotros nos queda calcular cuánto pesa no preguntárnoslo.

Del pensamiento a la estructura

Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.

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