Era pre-singularidad · Nº 24

La llamada al viaje. Nadie eligió zarpar hacia la era pre-singularidad


Primera entrega de La Odisea Tecnológica, la serie de verano que recorre el poema de Homero como mapa de la era pre-singularidad. La tesis y el itinerario completo: nadie eligió zarpar, pero todos estamos en el barco. Con versión locutada.

Por Jesús Ripa 11 min de lectura
TL;DR

Nolan estrena La Odisea y el mundo vuelve a Homero. Primera entrega de una serie de verano: la humanidad nunca dejó de vivir una Odisea; solo han cambiado los monstruos.

ERA PRE-SINGULARIDAD
La llamada al viaje. Nadie eligió zarpar hacia la era pre-singularidad

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La llamada al viaje. Nadie eligió zarpar hacia la era pre-singularidad

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El 17 de julio de 2026 ocurre algo poco frecuente: un poema de casi tres mil años se convierte en el acontecimiento cultural del año. Christopher Nolan estrena La Odisea en todo el mundo, y durante semanas millones de personas volverán a hablar de Ulises, de las sirenas, del cíclope, de Ítaca. Los medios analizarán la película. Yo no voy a hacer eso.

Voy a hacer algo distinto: usar la puerta que Nolan ha abierto para mirar hacia el otro lado. No hacia el Mediterráneo del siglo VIII antes de Cristo, sino hacia el mar que navegamos ahora mismo.

Porque esta es la tesis que sostiene toda la serie que hoy comienza: la humanidad nunca ha dejado de vivir una Odisea. Solo han cambiado los monstruos. Hace tres mil años eran cíclopes, sirenas, hechiceras y tempestades. Hoy son algoritmos de recomendación, plataformas que concentran la mirada de miles de millones de personas, sistemas de inteligencia artificial que escriben, deciden y persuaden, y una economía entera construida sobre la captura de nuestra atención. Ulises sigue siendo el mismo. Lo único que ha cambiado es el mar.

Durante ocho miércoles, de hoy al 2 de septiembre, recorreremos ese mar episodio a episodio. El cíclope y el señor de los vientos: quién controla la mirada y los flujos de información. Circe: la tecnología que termina transformándonos. Las sirenas: la economía de la atención. Escila y Caribdis: gobernar entre riesgos inevitables. Los lotófagos y Calipso: el confort como captura. El regreso a Ítaca: recuperar el criterio. Y una última pregunta, la que cierra el viaje: qué significa ser humano en la era pre-singularidad.

Cada entrega seguirá la misma arquitectura. Primero, el episodio clásico: qué cuenta Homero realmente, sin adornos. Después, su traducción al presente. Luego, el análisis que a mí me interesa: no qué hace la tecnología, sino qué nos ocurre a nosotros. Y al final, ningún consejo y ninguna moraleja. Un criterio. Una pregunta que el lector pueda llevarse a su mesa.

Esta es una serie de verano en el sentido más honesto del término: se puede leer en la playa, con calma, sin urgencia. Pero no es lectura ligera. Es lo contrario: la excusa perfecta para pensar despacio lo que durante el año pensamos deprisa.

Empecemos por el principio. Que, como en toda odisea, no es una decisión. Es una llamada.

El episodio clásico: el viaje que Ulises no eligió

Conviene recordar algo que la memoria popular suele borrar: Ulises no quería viajar. Quería volver a casa.

La guerra de Troya ha terminado. Diez años de asedio, la ciudad arrasada, el ingenio del caballo ya consumado. Lo único que Ulises desea es regresar a Ítaca, a Penélope, a Telémaco, a su tierra. El trayecto, en condiciones normales, habría durado unas semanas.

Tarda diez años.

No porque se pierda. Porque el mar tiene otros planes. Poseidón lo castiga, los vientos lo desvían, las tempestades lo arrastran de isla en isla, de monstruo en monstruo. El viaje no es un proyecto de Ulises: es una imposición de fuerzas que lo superan. Homero lo deja claro desde el primer verso, cuando pide a la musa que le hable del hombre que anduvo errante — no del hombre que decidió explorar.

Esa distinción, que parece un matiz filológico, es en realidad la clave de todo. Ulises no es un aventurero. Es un hombre que quería quedarse quieto y no pudo. Su grandeza no está en haber zarpado, sino en cómo gobierna una travesía que jamás pidió.

Dibujo de línea: Zeus entronizado con el águila, flanqueado por Atenea con casco y lanza y por Hermes, deciden en el Olimpo.
John Flaxman, Júpiter pide consejo a Mercurio y a Minerva, 1793 (composiciones); h. 1835 (grabado de Réveil) · Lámina 024El viaje se decidió en el Olimpo, no en la cubierta: nadie le preguntó a Ulises si quería zarpar.

La traducción al presente: nadie votó este mar

Ahora traslademos la escena. Nadie eligió la era pre-singularidad.

Nadie votó que un sistema de recomendación decidiera qué información ve cada mañana. Nadie firmó que su capacidad de atención pasara a ser la materia prima de la mayor industria del planeta. Nadie pidió que una inteligencia artificial generativa pudiera redactar informes, imitar voces, fabricar imágenes indistinguibles de la realidad y sentarse, de facto, en los procesos de decisión de empresas y gobiernos. El viaje se nos impuso. Igual que a Ulises.

Y sin embargo, hay quienes sí trazaron la ruta. Ray Kurzweil lleva décadas señalando Ítaca en el mapa: la singularidad, ese punto en que la inteligencia artificial supera a la humana, que en The Singularity Is Nearer sitúa a apenas dos décadas de distancia. Sam Altman y Demis Hassabis compiten abiertamente por llegar los primeros. Dario Amodei ha descrito en Machines of Loving Grace un destino luminoso, pero admitiendo la magnitud de la travesía. Y Geoffrey Hinton, el hombre que más hizo por construir estos sistemas, abandonó Google en 2023 para poder advertir con libertad de sus riesgos — el gesto más parecido que tiene nuestro tiempo al del adivino Tiresias: quien mejor ve el camino es quien más inquietud transmite sobre él.

La polémica que rodea el estreno de Nolan lo ilustra con una ironía casi perfecta. La misma industria que lleva la Odisea al cine paralizó Hollywood en 2023 en huelgas donde la inteligencia artificial era el corazón del conflicto: quién es dueño de un rostro, de una voz, de un guion. Mientras tanto, Europa despliega su Reglamento de Inteligencia Artificial entre críticas cruzadas — exceso de corsé para unos, insuficiencia para otros —, las campañas electorales de medio mundo conviven con deepfakes que ya nadie distingue a simple vista, y cada semana un estudio nuevo discute cuántos empleos serán redibujados por sistemas que hace cinco años no existían.

Ese es el mar. No es una metáfora amable: es la descripción estructural de la circunstancia en la que toda persona con responsabilidades — directiva, pública, familiar — opera hoy, lo sepa o no.

Aguafuerte: Neptuno, sobre caballos marinos, levanta una tempestad que zarandea la nave y a sus hombres.
Theodoor van Thulden, Neptuno desata la tempestad, 1632–1633 · Rijksmuseum, Ámsterdam · Lámina 025El mar no pregunta si crees en él: la tempestad llega igual.

El análisis humanista: la comodidad de negar el mar

Aquí está la cuestión que me interesa de verdad. No qué hace la tecnología, sino qué nos ocurre a nosotros.

Y lo primero que nos ocurre es una tentación: negar que hayamos zarpado. Seguir operando como si esto fuera Troya después de la victoria — un mundo conocido, con reglas conocidas, donde la tecnología es un departamento y no un escenario. Conozco bien esa tentación porque llevo más de treinta y cinco años en tecnología y la he visto repetirse en cada ciclo: primero la novedad se ridiculiza, después se subestima, y cuando por fin se reconoce, otros llevan años navegando.

Ortega lo dejó escrito con una precisión que sigue intacta: yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo yo. La circunstancia, en 2026, es algorítmica. No es un accesorio de la vida: es el medio en el que la vida transcurre — donde nos informamos, trabajamos, discutimos y decidimos. Negarlo no nos devuelve a tierra firme. Solo nos convierte en tripulantes que viajan con los ojos cerrados.

Neil Postman advirtió que toda tecnología es a la vez una carga y una bendición, y que la pregunta seria nunca es si aceptarla, sino qué nos exige a cambio. Byung-Chul Han ha descrito cómo el nuevo poder ya no ordena: seduce, y por eso apenas lo percibimos como poder. Ambas ideas apuntan al mismo lugar: el primer peligro de esta travesía no es ningún monstruo externo. Es la anestesia. Creer que seguimos en el puerto cuando llevamos años en alta mar.

Ulises sobrevive a su Odisea por una razón que Homero repite una y otra vez: es polytropos, el hombre de muchos recursos, el que nunca deja de leer la situación. No es el más fuerte de los héroes griegos. Es el que mejor entiende dónde está. Esa — y no la fuerza, y no la velocidad — es la cualidad que la era pre-singularidad exige a quien pretenda gobernarla en su ámbito: leer la estructura antes de reaccionar al oleaje.

El criterio ejecutivo

Ningún consejo. Un criterio, como prometí.

El primer acto de gobierno de esta travesía no es tecnológico. Es admitir que ya estás en ella. La pregunta relevante dejó de ser si conviene zarpar — esa decisión no fue nuestra y ya está tomada. La pregunta relevante es otra, y conviene hacérsela por escrito, con calma, esta misma semana: en mi organización, en mi ámbito de responsabilidad, ¿quién lleva el timón cuando interviene la tecnología — un criterio propio o la corriente?

Ulises tardó diez años en volver a casa. Los que negaron el mar no volvieron.

El próximo miércoles, segunda entrega: el cíclope y el señor de los vientos, o quién controla hoy la mirada y los flujos de la información.


Jesús Ripa es tecnólogo humanista especializado en Autoridad Digital. Escribe sobre criterio tecnológico, voz pública directiva y la era pre-singularidad.


Preguntas frecuentes

¿Qué es La Odisea Tecnológica?

Es una serie editorial de verano publicada en jesusripa.com entre el 15 de julio y el 2 de septiembre de 2026, en ocho entregas semanales. Toma los episodios de la Odisea de Homero — el cíclope, las sirenas, Circe, Calipso, el regreso a Ítaca — y los traduce a la era pre-singularidad: algoritmos, plataformas, inteligencia artificial y economía de la atención. Cada entrega sigue la misma arquitectura: el episodio clásico, su traducción al presente, un análisis humanista centrado en lo que nos ocurre como personas y un criterio ejecutivo final. No es divulgación tecnológica ni crítica cultural: es un marco para pensar con calma, durante el verano, las estructuras que condicionan nuestras decisiones el resto del año.

¿La serie analiza la película de Christopher Nolan?

No. El estreno mundial de La Odisea de Nolan, el 17 de julio de 2026, es la puerta de entrada, no el objeto de análisis. La película convierte un poema de casi tres mil años en conversación global, y esa conversación es una oportunidad para hacer algo distinto de lo que harán la mayoría de medios: en lugar de analizar la obra, usarla como espejo de nuestro tiempo. La serie no valora la dirección, el reparto ni la fidelidad al texto homérico. Trabaja con el poema original y con su estructura de episodios, que es material de dominio público y patrimonio intelectual de Occidente. Quien busque crítica cinematográfica no la encontrará aquí; quien busque una lectura estructural del presente, sí.

¿Qué significa «era pre-singularidad»?

Es el marco editorial central de jesusripa.com: el periodo histórico actual, en el que la inteligencia artificial avanza hacia capacidades comparables o superiores a las humanas sin haberlas alcanzado de forma general. El término subraya algo decisivo: todavía hay margen de gobierno. Las decisiones sobre cómo se diseña, regula y adopta la tecnología siguen siendo humanas, individuales y colectivas, y por eso este periodo importa más que la hipotética singularidad que le da nombre. Autores como Ray Kurzweil sitúan ese umbral a pocas décadas; con independencia de que la predicción se cumpla, la era pre-singularidad es el tiempo en que se decide quién llevará el timón cuando lleguemos.

¿Por qué comparar la Odisea con la tecnología actual?

Porque el paralelismo no es ornamental, sino estructural. La Odisea es el relato fundacional de un ser humano que atraviesa un medio hostil que no controla, lleno de fuerzas que lo seducen, lo desvían o lo devoran, intentando conservar su identidad y regresar a lo que le importa. Esa es, con precisión casi incómoda, la situación de cualquier persona en el ecosistema digital: sirenas que capturan la atención, hechiceras que transforman a quien se descuida, cíclopes que concentran la mirada. Comparar no es decorar la actualidad con mitología: es usar tres mil años de pensamiento sobre la condición humana para entender qué permanece cuando todo lo demás — el mar, los monstruos, las herramientas — cambia.

¿Qué es el humanismo tecnológico?

Es la doctrina que sostiene esta serie y todo el trabajo editorial de jesusripa.com: analizar la tecnología como estructura de poder y de organización de la vida, no como catálogo de novedades, y hacerlo poniendo en el centro a la persona — su libertad, su criterio, su responsabilidad. Se apoya en una genealogía intelectual europea que va de Ortega y Mumford a Postman, Innerarity, Han o Floridi, y dialoga con los tecnólogos que hoy construyen los sistemas — Amodei, Hassabis, Hinton, Altman — citándolos por su obra y sus posiciones, no por su celebridad. Ni tecnofobia ni evangelismo: la convicción de que la tecnología debe gobernarse con criterio humano antes de que sea ella la que gobierne.

¿Cuántas entregas tiene la serie y cuándo se publican?

Ocho entregas, todos los miércoles a las 09:00 entre el 15 de julio y el 2 de septiembre de 2026, en jesusripa.com. El itinerario: la llamada al viaje (15 de julio), el cíclope y el señor de los vientos (22 de julio), Circe (29 de julio), las sirenas (5 de agosto), Escila y Caribdis (12 de agosto), los lotófagos y Calipso (19 de agosto), el regreso a Ítaca (26 de agosto) y la nueva Odisea (2 de septiembre), que cierra el viaje preguntando qué significa ser humano en la era pre-singularidad. Cada artículo se distribuye también por newsletter y se acompaña en LinkedIn de tres piezas semanales, incluido un carrusel visual de estética clásica.

Siguiente episodio: El cíclope y el señor de los vientos (22 de julio). Ver todas las entregas de la serie.

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