Neptuno desata la tempestad.
Theodoor van Thulden, 1632–1633. El mar no pregunta si crees en él: la tempestad llega igual.

Historia
Theodoor van Thulden (1606–1669), pintor y grabador nacido en Bolduque, trabajó en París a comienzos de la década de 1630. Allí grabó Les travaux d'Ulysse, una serie de 58 láminas que reproduce la Galería de Ulises del palacio de Fontainebleau, decorada desde finales de la década de 1540 con composiciones de Francesco Primaticcio y su taller. La galería fue destruida en el siglo XVIII, y estas estampas son uno de los testimonios de cómo era.
Es la lámina 3. En el centro, Neptuno azuza con el tridente a sus caballos marinos; arriba, a la derecha, un dios del viento sopla, y del cielo caen Júpiter con el rayo y Minerva con casco. A la izquierda, Ulises mira la escena con espanto mientras las naves, cargadas de escudos y remeros, resisten el oleaje.
Cómo lo veo en el presente
En el poema, Poseidón persigue a Ulises por haber cegado a su hijo, el cíclope. Es una fuerza con memoria propia, que alcanza al héroe cuando ya creía tener rumbo. Primaticcio la pintó como un choque de dioses sobre las cabezas de los hombres: arriba se decide, abajo se achica agua.
La transformación tecnológica llega con la misma indiferencia. No pide adhesión ni espera a que se la entienda. Una empresa puede no creer en la inteligencia artificial y encontrársela igual en sus proveedores, en sus competidores y en las herramientas que ya usa.
El gesto que importa en la lámina es el de Ulises. No discute con el mar: lo mira. Reconocer la tormenta no es rendirse a ella. Es la condición para gobernar la nave dentro de ella.
Aquí pienso en abierto; Cortex ejecuta. Cuando una empresa necesita aplicar este criterio — gobernar la IA que ya usa, decidir con inteligencia propia —, ese trabajo lo hago en Cortex Analytica, la firma que dirijo.
La práctica →